martes, 14 de octubre de 2008

PLATILLO MARINERO...


Por Baltazar López Martínez

1.- De ninguna manera quise cuestionar el acto en sí de gritarle “espurio” al presidente Calderón. Cada cual es libre de actuar como le parezca conveniente. Más bien deseaba señalar la falta de congruencia entre el hecho de considerar ilegítimo al presidente, o de origen dudoso, y de embolsarse al mismo tiempo los 130 mil pesos, la medalla y la roseta. Es evidente que tan ilegítimo es el presidente como el premio que entrega, y lo menos que podríamos esperar del ahora tocayo más famoso de México, es que rechazara el premio a causa de su origen dudoso.
2.- El argumento de que el dinero no es del presidente y que proviene de los impuestos (esos sí legítimos) de los mexicanos es un sofisma apto para tener tranquila la conciencia. Lo mismo dijo Borges cuando tuvo la ocurrencia de recibir un doctorado Honoris Causa de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile, entregado en propia mano por el dictador Augusto Pinochet. No sólo eso. Borges lo cubrió de flores. Borges declaró: "Yo soy una persona muy tímida, pero él se encargó de que mi timidez desapareciera, y todo resultó muy fácil. Él es una excelente persona, su cordialidad, su bondad... Estoy muy satisfecho... El hecho de que aquí, también en mi patria, y en Uruguay, se esté salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado, en un continente socavado por el comunismo”.
3.- El chistecito le costó el premio Nobel. La academia sueca nunca le perdonó que fuera a rendirle pleitesía al gobierno de Pinochet. Años más tarde trató de sacarse la estocada mortal diciendo que el reconocimiento no se lo dio el dictador, sino el pueblo de Chile, que él estaba hermanado con el pueblo de Chile y que veía propio recibir el doctorado del pueblo de Chile. De nada le sirvió el sofisma. Se quedó esperando el Nobel.
4.- Los 130 mil pesos no se los dio al tocayo el pueblo de México. Se los dio, y él los recibió, aunque provinieran de un mandatario “espurio”. Insisto: “pecunia non olet”, es decir, “el dinero no tiene olor”.

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