sábado, 23 de enero de 2010

TIENDA DE RAYA.....

Por: Imelda Torres Sandoval
jurisagro@yahoo.com.mx

Por favor, observe este video y luego lea mi comentario:

http://www.liveleak.com/view?i=617_1252006591&p=1

El baile y la música son sin duda expresiones que reflejan el tipo de sociedad en la que vivimos. En todas las épocas, las personas han socializado e interactuado a través del baile; y en todas las sociedades humanas, desde las más primitivas hasta las mas modernas coinciden en el baile como una forma para que hombres y mujeres tengan contacto corporal como un preámbulo a la relación sexual, como parte de la conducta moral socialmente aceptada en casi todas las épocas del devenir humano.
La modernidad del siglo XX y la globalización del siglo XXI rompió con los clásicos moldes de la moral y las buenas costumbres, y engendró dos monstruos sociales: la doble moral y la permisividad.
A partir de los años cincuenta del siglo XX, Elvis Presley escandalizó a la puritana sociedad estadounidense con su sensual ritmo de caderas, aunque la respuesta sesentera inglesa a través de los beatles procuró una imagen "mas decente" de jóvenes bañaditos y trajeados entonando melosas y entrañables melodías de amor.
Sin embargo, los setentas, con la píldora anticonceptiva, la marihuana y a grito de haz el amor y no la guerra, provocó un relajamiento en las costumbres sociales de la sociedad norteamericana, que permitieron una verdadera revolución en la conducta de los jóvenes: sexo, mota y rock and roll.
Ya para los ochenta, la música electrónica y la cocaína invadieron nuevamente los hogares norteamericanos, llegando a los noventa bien pachecos pero concientes, a fuerza, de la epidemia del siglo: el SIDA.

En este recorrido, en América Latina y México se vivieron procesos similares, reflejo inmediato de la mala costumbre de imitar a la cultura norteamericana, pero el factor común era y sigue siendo el mismo: permisividad y doble moral sobre la forma de socializar de los jóvenes.
Doble moral de adultos que, fornican y practican adulterio pero que exigen castidad a sus hijos. Permisividad de padres que, como educación sexual, le entregan una caja de píldoras anticonceptivas a su hija cuando cumple quince años, agregando "haya tu si sales panzona, a ver como le haces".
No hemos de espantarnos con la música sensual o erótica. Que enamorado no suspira con concavo y convexo de Roberto Carlos, o quien no se ruboriza y se acuerda de algunos ayeres con Lástima que seas ajena de Vicente Fernández. Uno ya es adulto y sabe y debe enfrentar las decisiones que se toman y sus consecuencias. El problema radica en los jóvenes, ya que ellos, por su inmadurez emocional, no comprenden la frontera entre el erotismo y la sensualidad y la lascivia.
Entiendo por erotismo y sensualidad aquellas conductas y expresiones corporales que uno realiza cuando deseamos despertar en otra persona un interés sexual. Y por lascivia identifico toda conducta desenfrenada y fuera de todo cánon moral que nos puede conducir a dañarnos moral y físicamente, atentando incluso contra nuestro propio código de valores.
Ahí radica el problema con la música: sin la orientación de los padres, los jóvenes tienen acceso a todo tipo de melodías lascivas, sin que puedan discernir cual es la conducta moral que deben observar, propia de su edad. Los padres tenemos la obligación y el deber de educarlos y prepararlos para que lleven una vida adulta sana y feliz, y el ejercicio de su sexualidad es una parte fundamental de ese desarrollo deseable.
Sin más, a riesgo de pecar de moralista, le aconsejo que revise el aparato de música de su hijo adolescente y se de una vuelta a las discos y fiestas a las que acude: ¿que clase de música está escuchando? ¿con que clase de personas interactúa?

¿Le gusta el perreo que promueve el reggaton?
Imagine por un momento a su hija, a su sobrina o a su hermana perreando y matando el gusano.
¿Le resulta divertida la actitud lasciva y vulgar de los chicos al bailar este tipo de música?
Usted apreciable lector ¿qué opina?
Hasta la próxima.

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