
ENVIADO A VAXTUXPAN…
Sigue golpeando la vida de nuestras comunidades. ¿Qué has hecho con tu hermano? Esta pregunta, que aparece en el libro del Génesis, se toma como punto de partida para provocar que nadie se sienta excluido a la hora de cuestionarse sobre lo que dejamos de hacer para llegar a esta situación indignante. Precisamente, constatando los extremos a los que ha llegado la violencia en México y el estado de Veracruz, Dios Nuestro Padre continúa lanzando esta pregunta a los Caínes de nuestro tiempo que atentan contra la vida de los demás y de una manera cínica y cobarde esquivan su propia responsabilidad: ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? Sin embargo, este cuestionamiento se dirige no solamente a los delincuentes, sino a todos los que hemos sido indiferentes, pasivos y cómplices para que este cáncer haya avanzado en una sociedad que se distingue por su vocación de paz y fraternidad, en un país con una profunda tradición espiritual y en un Estado (Veracruz) marcado por la creatividad y la chispa de un pueblo que sabe reír y cantar. A los cristianos nos queda claro que esta problemática se relaciona con el crecimiento de la pobreza, con la falta de resultados en la creación de empleos, con el aumento de la corrupción en las estructuras de gobierno, con el debilitamiento de la familia en las políticas públicas y con la pérdida de valores. Pero, por la situación tan delicada que estamos enfrentando, no se trata de señalar culpables ni de relacionar los principales problemas de México con determinados colores. Cada uno de nosotros debe asumir su propia responsabilidad y cuestionarse acerca de lo que dejamos de hacer para que llegáramos a estos extremos. Esta reflexión busca que todos los sectores sociales nos cuestionemos y nos comprometamos a recuperar la paz que tanto anhelamos. Por eso, se lanza una crítica y una exhortación a los políticos, a los gobernantes, a los medios de comunicación, a las Iglesias y al sector educativo.
Vidas truncadas, el luto que va dejando la inseguridad, la tristeza que se apodera del corazón y el dolor irreparable ante tantos atropellos, vejaciones y asesinatos definitivamente tienen que hacernos reaccionar. La justicia hacia las víctimas de la violencia no se cumplirá solamente con la detención y procesamiento de los culpables, sino también con la renovación de los partidos políticos, de la clase gobernante y de los distintos sectores sociales. En el marco de la fiesta de Cristo Rey, con la que culminamos el año litúrgico en la Iglesia, estamos provocando esta reflexión porque los cristianos debemos luchar contra todo lo que se opone al proyecto de Dios, como la pobreza, la violencia, la corrupción y las injusticias. Mientras en el mundo persistan estos males nadie es inocente. Y mucho menos las estructuras económicas y políticas que no han podido resolver las principales demandas de los ciudadanos. ¡Viva Cristo Rey! Pbro. José Juan Sánchez Jácome
Director Oficina de Comunicación SocialArquidiócesis de Xalapa.
Fuente: Comunicación Estratégica…
No hay comentarios:
Publicar un comentario