Orlando Segura Hervert.
No hay mucha diferencia entre ambas poblaciones, salvo que una pertenece a Tuxpan y la otra a Alamo Temapache, Ojite y San Miguel están unidos por una balsa, es dicha embarcación la que transporta por el río a las camionetas, automóviles, camiones, autobuses; las dos poblaciones son rurales y presentan los signos del olvido, desde siempre han demandado la construcción de un puente, pero a las autoridades de los tres niveles de gobierno, les ha dado por ignorarlos y no pelarlos.
Del lado de San Miguel, los habitantes prefieren dejar sus bicicletas, motos y algunos automotores, solo utilizan una pequeña lancha por la que pagan 5 pesos, mientras que si abordaran la balsa, de acuerdo al tonelaje, tendrían que aportar 21, 38 y 42 pesos, es obviamente un negocio solo para el propietario de la embarcación que por décadas ha detentado el poder de la concesión, de tal forma que solo a Don Guillermo Aoyama, le conviene que dicha situación siga igual, que nada cambien, dicho de otro modo, es el único que no le favorecería la construcción de un puente en esa zona.
Los campesinos, productores y avecindados ya se acostumbraron al olvido, ya no se quejan, pero si lamentan que se les mantenga en el abandono, el camino que conduce a la ciudad de la naranja, es de terracería, al recorrerlo cualquiera se llena de polvo, se echan a perder los muelles, escapes y otras partes de los vehículos, 6 kilómetros mal engravados atarantan a cualquiera.
10 mil habitantes murmuran acerca de su situación, pero no se movilizan, no piden, no exigen lo que por derecho les corresponde, accesos bien ubicados y construidos, mejores condiciones de vida para ellos y sus hijos; en el recorrido, comentaron que dialogarán con los precandidatos para ver si alguno se “apiada” y les hace la obra que es de vital importancia para el transporte no solo de los pasajeros, sino de sus productos, cítricos, maíz y otros granos.
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