
Por Uriel Flores Aguayo
urielfloresaguayo@hotmail.com
Cuando se publique este artículo ya habrá transcurrido la cuarta parte de las campañas electorales en curso, las que se han convertido en algo fantasmal porque se sabe que existen pero no se ven. Debe ser patético andar de candidato en medio del descrédito de la política y de las penurias económicas de la gente; debe ser patético tener que mantener la sonrisa falsa e intentar articular dos o tres ocurrencias y mentiras que parezcan creíbles con tal de conseguir algunos votos que serán entregados como limosna.
Lo que se ha visto hasta ahora de las campañas, más en Xalapa pero también en otros distritos, son los rasgos que seguramente van a perdurar hasta el cierre del proceso electoral, por lo que se puede intentar una definición a manera de balance preliminar; si cambian para bien, habrá que reconocerlo.
La ausencia de ciudadanos independientes, libres y normales es lo más sobresaliente de las campañas actuales, donde lo que predomina es el acompañamiento de los empleados públicos y privados, funcionarios municipales, grupos coorporativos, sindicatos y sectores en general, como son taxistas, locatarios, tianguistas, jubilados, campesinos y colonos. Esta es una característica de los candidatos del PRI, incluso de Ricardo Ahued, quién se presenta como el candidato más cercano a los ciudadanos pero en la práctica realiza una política tradicional. En menor tamaño el PAN hace más o menos lo mismo, teniendo como base de apoyo a los funcionarios y empleados de las delegaciones federales. En todos los casos las estructuras y equipos de campaña están integrados por personal pagado, incluyendo al PRD, partido que la tiene más difícil porque no cuenta con ciudadanos ni con militantes para hacer proselitismo; la paradoja de que candidatos y voceros del PRD se quejen de la compra de votos del PRI y del PAN y del derroche de recursos está en que ellos, de origen, son producto de actos fraudulentos y de corrupción: dirigentes que no dirigen nada y que están ahí por alterar actas y repartir despensas, así como diputados que lograron la posición comprando votos y que, ahora, los venden.
Tampoco se observan las propuestas centrales ni se podrían ubicar planteamientos serios de los candidatos. Lo común en ellos es la ocurrencia, la generalidad y la tomadura de pelo a sus potenciales votantes. Llega a tal grado su ignorancia y frivolidad que no salen de hablar de su compromiso de “bajar” recursos a sus futuros representados, reduciendo su eventual labor legislativa a la de simples gestores; qué poder autónomo ni que “ocho cuartos”, ellos derrochan alegría hablando de que van a “bajar” partidas de presupuesto federal para caminos, escuelas, hospitales y toda necesidad que se les pare enfrente. En descargo de estos candidatos balines habría que reconocer que los actuales diputados pusieron de moda esa palabreja junta a otras, como la de “aterrizar”, que forma parte de su escuálido vocabulario.
No por ser una costumbre deja de ser chocante, hasta ofensivo, el gasto derrochador en las campañas, sobretodo en lo más visible como son las bambalinas, los gallardetes y los espectaculares donde se repite el mismo rostro, en diferentes tamaños, cual monigote retador y monótono, a pesar de que las boletas no traen fotos de los candidatos. Lo peor de todo es que, hagan lo que hagan, el resultado es perfectamente previsible y los niveles de votación difícilmente se moverán en sus tendencias; o sea que estamos ante campañas tradicionales, tontas e inútiles. Ese dinero, que en algunos casos rebasa diez o quince veces el tope de gasto de campaña, se vuelve desproporcionado ante la pobreza hiriente en que vive Veracruz, donde no puede haber normalidad con mucha gente en el desempleo, pasando hambres y sin acceso a mínimos de bienestar. No es deseo pero la avalancha de abstencionismo que está a la vista nos obligará, tarde o temprano, a reflexionar y tomar medidas sobre este jueguito de la democracia y el estado de derecho.
El lema de estos candidatos y candidotes debe ser: “un voto por caridad”; en la foto oficial es indispensable que aparezcan de cuerpo entero y con la mano estirada en actitud de limosneros por el voto
Recadito: SEDESOL sigue en las mismas, exclusión y puertas cerradas; vamos en estos días con el FAS a recordarles que a los veracruzanos se respeta.
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