sábado, 16 de mayo de 2009

TIENDA DE RAYA...Se hizo justicia agraria...

Delfina, María y Cecilia, mujeres campesinas derechosas del Ejido Lechcuatitla,
Municipio de Ixhutalán de Madero.

Por: Lic. Imelda Torres Sandoval
jurisagro@yahoo.com.mx
Abogada postulante en materia agraria
Egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana
UAM AZC MX


El 14 de mayo desarrollé tres audiencias en el Tribunal Unitario Agrario del Distrito 32 con sede en esta Ciudad de Tuxpan, Ver. El sueño zapatista de que la gente campesina contara con tribunales especializados en conflictos de la tierra se ha hecho realidad. Pero en Tuxpan, Zapata estaría orgulloso que además, la justicia agraria es verdaderamente pronta y expedita.

Los Tribunales agrarios surgieron apenas hace 16 años, gracias a la reforma al Artículo 27 Constitucional que ordenó en 1992 la creación de tribunales especializados para impartir justicia agraria. La competencia de dichos tribunales está determinada por el Artículo 18 de la Ley Orgánica de los Tribunales Agrarios, que especifica que serán competencia exclusica de estos órganos jurisdiccionales el conocer y resolver comtroversias que se susciten por motivo de conflicto de límites de ejidos, conflictos por el ejercicio de derechos agrarios y la sucesión ejidal.

Delfina, Cecilia y María son vecinas del Ejido Lechcuatitla, Municipio de Ixhuatlán de Madero, Ver. Las tres perdieron a sus esposos hace muchos años, quienes eran posesionarios o ejidatarios del núcleo agrario citado. Es decir, contaban con una parcela para el sostenimiento de la familia, en ella sembraban naranja, maíz y frijol, productos agrícolas que principalmente contribuían al sostenimiento familiar. Pero al fallecer el hombre de la casa, estas mujeres quedaron en el desamparo, fueron desposeídas de sus parcelas por que el titular era el hombre, el ejido las desconoció y las dependencias oficiales también se olvidaron de ellas.

Cecilia quedó viuda hace 10 años. Sus hijos apenas tenían 7 y 10 años. Su esposo emigró a México para contribuir al sostenimiento económico del hogar. Cecilia se quedó a cargo de la parcela y de los hijos, hasta que un día le avisaron que su esposo había fallecido de SIDA.

Cecilia fue obligada a entregar la parcela a su suegro, por que el trabajo de campo sólo es cosa de hombres, las mujeres no tienen derecho a la parcela, y menos si deciden juntarse con otro hombre, le dijeron en el ejido Lechcuatitla. Cecilia entonces, se vió obligada a servir como trabajadora doméstica en casas de la región. De esa forma logró sacar adelante a sus hijos. El mayor ahora ya tiene veinte años y estudia Contabilidad en México, D.F.; el menor, que tiene 17 años, ya no quiso estudiar, pero quiere regresar a casa, quiere volver a sembrar las tierras que fueron de su papá. Por eso Cecilia se decidió a tramitar sus derechos que por ley le correponden. Y ya lo logró. El Tribunal Unitario Agrario de Tuxpan le otorgó audiencia el 14 de mayo, escuchó en audiencia oral su reclamo sobre la parcela de su esposo y su deseo de recuperar el patrimonio familiar; y el mismo día, se le emitió resolución favorable.
Ahora, Cecilia cuenta ya con una sentencia que la reconoce como legítima titular de la parcela que perteneció a su esposo, y le reconoce también los mismos derechos que el tenía en vida: ya es posesionaria del Ejido Lechcuatitla. Aunque falta todavía camino por recorrer: la Asamblea ejidal debe ordenar al suegro de Cecilia que le entregue la parcela. Cecilia debe recuperar el usufructo de dichas tierras, sembradas de naranja y de cedros. Cecilia no tenía por que haber lavado ajeno y trapear pisos. Desafortunadamente, el machismo ha sido siempre un obstáculo para el pleno disfrute y ejercicio de los derechos de las mujeres, y en el caso de las mujeres indígenas, el machismo es factor determinante de la pobreza y marginación en que viven la mayoría de las familias del campo mexicano, encabezadas en su mayoría por mujeres dignas y valientes como Cecilia, Delfina y María, que ahora, gracias al trabajo honesto y comprometido del Magistrado del Tribunal Unitario Agrario Lic. Benjamín Navarro Arellano y de todo el personal de dicha institución, que sin necesidad de "gratificaciones" y "mordidas" hacen todos los días posible el sueño zapatista de la justicia agraria a favor de quien realmente trabaja la tierra.

Hasta la próxima.

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