
Por Ignacio Contreras…
Haciendo un recuento del periodista Javier Santos Llorente, fue por esos años de 1996 cuando se refundó de nueva cuenta El Puerto de Tuxpan. Como habíamos comentado antes, un diario artesanal que salía a golpes y duras noches de trabajo.
Sin embargo, en esas largas noches a lado de Llorente; el oficio se hacía rápido y de alguna forma con mucho esfuerzo sobrehumano.
En esa sala de redacción, donde la música jazz se tenía de fondo, dejaron como testimonio de sus artículos una generación que han sido en los últimos años, fuertes y valientes con la palabra escrita: Baltazar López, Roberto L. Arán; así como algunos primeros poemas de Jaír Cortés, y algunas ilustraciones que se le publicaron a Omar Verde.
Fueron muchas noches de recuerdos por parte de Santos Llorente. Hablaba de todo, de sus inicios como reportero, de quienes conoció en este oficio en la Ciudad de México, pero sobre todo dejando en claro el trabajo profesional "y con mucha categoría" como nos decía.
El decía que el reportero tenía su trinchera en la calle. Que la persona que se dedicaba a este oficio lo era las 24 horas del día y que a veces ni comía y tenía muchas noches de desvelo por cubrir una nota.
Santos Llorente, fue un maestro para todos los que estuvimos a su lado.
Desde el primer día que lo conocí y fui enviado a cubrir una nota del Comité Municipal del PRD, hasta el día en que cerró el periódico por causas personales y agoismos.
La letra de imprenta poco a poco iba quedando atrás por las nuevas tecnologías, y Llorente, no concebía el futuro del periodismo.
La última vez que lo vi, y recuerdo con mucha tristeza, fue en el año 2000. Un Javier Santos que no quería soltar la máquina de escribir y estaba en el puerto de Veracruz donde quería hacer un reportaje y terminar de escribir su libro.
Nunca más lo volví a ver y por muchos años guardé en mi memoria y en una vieja caja de cartón aquellos primeros números de El Puerto de Tuxpan. Ha sido una de las mejores experiencias que te ofrece la vida, y compartir con este grupo de amigos la magia de la palabra escrita fue una proeza y un orgullo.
Creo que fuimos los últimos de la generación de Javier Santos Llorente.
Hace algunos años atrás, escuchando un noticiero de radio nacional escuché al periodista, Guillermo Ochoa, decir: "Y nosotros los periodistas, debemos de trabajar con mucha categoría" y de pronto, los recuerdos volvieron de ese Tuxpan que dejé hace ya muchos años.
Ahora algunas de estas personas siguen en lo suyo. Balta no ha dejado sus artículos y Jaír Cortés forma parte de una generación de poetas muy importante a nivel nacional, ganador de varios premios.
Cada quien siguió lo suyo.
Haciendo un recuento del periodista Javier Santos Llorente, fue por esos años de 1996 cuando se refundó de nueva cuenta El Puerto de Tuxpan. Como habíamos comentado antes, un diario artesanal que salía a golpes y duras noches de trabajo.
Sin embargo, en esas largas noches a lado de Llorente; el oficio se hacía rápido y de alguna forma con mucho esfuerzo sobrehumano.
En esa sala de redacción, donde la música jazz se tenía de fondo, dejaron como testimonio de sus artículos una generación que han sido en los últimos años, fuertes y valientes con la palabra escrita: Baltazar López, Roberto L. Arán; así como algunos primeros poemas de Jaír Cortés, y algunas ilustraciones que se le publicaron a Omar Verde.
Fueron muchas noches de recuerdos por parte de Santos Llorente. Hablaba de todo, de sus inicios como reportero, de quienes conoció en este oficio en la Ciudad de México, pero sobre todo dejando en claro el trabajo profesional "y con mucha categoría" como nos decía.
El decía que el reportero tenía su trinchera en la calle. Que la persona que se dedicaba a este oficio lo era las 24 horas del día y que a veces ni comía y tenía muchas noches de desvelo por cubrir una nota.
Santos Llorente, fue un maestro para todos los que estuvimos a su lado.
Desde el primer día que lo conocí y fui enviado a cubrir una nota del Comité Municipal del PRD, hasta el día en que cerró el periódico por causas personales y agoismos.
La letra de imprenta poco a poco iba quedando atrás por las nuevas tecnologías, y Llorente, no concebía el futuro del periodismo.
La última vez que lo vi, y recuerdo con mucha tristeza, fue en el año 2000. Un Javier Santos que no quería soltar la máquina de escribir y estaba en el puerto de Veracruz donde quería hacer un reportaje y terminar de escribir su libro.
Nunca más lo volví a ver y por muchos años guardé en mi memoria y en una vieja caja de cartón aquellos primeros números de El Puerto de Tuxpan. Ha sido una de las mejores experiencias que te ofrece la vida, y compartir con este grupo de amigos la magia de la palabra escrita fue una proeza y un orgullo.
Creo que fuimos los últimos de la generación de Javier Santos Llorente.
Hace algunos años atrás, escuchando un noticiero de radio nacional escuché al periodista, Guillermo Ochoa, decir: "Y nosotros los periodistas, debemos de trabajar con mucha categoría" y de pronto, los recuerdos volvieron de ese Tuxpan que dejé hace ya muchos años.
Ahora algunas de estas personas siguen en lo suyo. Balta no ha dejado sus artículos y Jaír Cortés forma parte de una generación de poetas muy importante a nivel nacional, ganador de varios premios.
Cada quien siguió lo suyo.
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