APÓYAME

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viernes, 22 de febrero de 2019

Guardia Nacional, la esperanza

ALMA GRANDE
Por Ángel Álvaro Peña
Cuando un conflicto de primer orden se politiza se aleja de la realidad y, sobre todo, de la población.

La clase política, a pesar de que la vemos por todas partes, es una minoría pero es la que se encarga de hacer lenta la acción de la justicia, los proyectos buenos y malos, y de alejar de la realidad los programas de gobierno que benefician a la población.

En la aprobación de la Guardia Nacional pudo advertirse este tipo de variable que ha dejado al país entero a merced de las decisiones de la población y ésta, a su vez, en completo estado de indefensión ante los caprichos de los legisladores, los funcionarios públicos, el presidente, los gobernadores y los alcaldes o presidentes municipales.

Es tiempo de cambiar y la aprobación unánime del senado fue prueba de ello. Con 127 votos a favor, cero abstenciones y cero votos en contra, fue aprobada la creación de la Guardia Nacional con mando civil.

Ahora falta que los diputados la aprueben, ante una euforia que debe ser sólo la toma de conciencia de una responsabilidad común.

Luego de una serie de debates donde chocaron no sólo posturas en favor y en contra, --con bases sólidas ambas--, sin consignas que sólo intentaron descalificar sin proponer y criticar sin ton ni son, finalmente la Guardia Nacional camina.

Pero esa lucha, un debate a muerte por dar de alta un cuerpo de Seguridad, fue un combate que nada tenía que ver con la posición de la sociedad mexicana, cuya postura esencial clamaba seguridad sin importarle si eran militares o civiles.

Esto nunca supo leerlo la clase política. Nunca lo entendió. Pocas veces prestó oídos a un clamor que no surgió ayer, sino que tiene por lo menos lo que va de este siglo siendo un grito desesperado de los mexicanos.

Sin embargo, la oposición principalmente, aplazó una y otra vez el debate legislativo; criticó hasta el color del uniforme; cuestionó las funciones esenciales; etc.

La clase política tiene que aprender ahora a escuchar. Los partidos tienen la obligación de estar conectados con las necesidades de los mexicanos. Pero sobre todo, aquellos militantes de las organizaciones políticas que tienen un puesto de elección popular y que tienen la obligación de responder a las voces que en muchos casos no tienen por qué gritar sus demandas. Pero desde el momento en que la gente grita en las calles exigiendo seguridad, justicia, legalidad; es porque no han sido escuchados.

Así, la postura clara y simple de la sociedad mexicana radica en que quiere seguridad, se la proporcionen los marcianos, los policías o los soldados. Esto no es nuevo para nadie, pero la clase política parece gozar con el sufrimiento de la población al derivar de una simple discusión situaciones sin importancia mientras en las calles la sangre corre cada día con mayor fuerza.

La muerte de cada mexicano en peligro es responsabilidad de quienes proporcionan la seguridad y los primeros que impiden resguardar la integridad de los ciudadanos son los miembros de una clase política acostumbrada a que todo puede esperar menos su capricho.

La presidenta nacional del PRI y senadora, Claudia Ruiz Massieu, señaló que se podría inaugurar una nueva etapa de acuerdos en el Senado; mientras que en nombre del PAN, Julen Rementería respondió al presidente Andrés Manuel López Obrador que Acción Nacional sí está dispuesto a llegar a acuerdos “que le sirvan al país".

Si se le hubiera escuchado a la población su urgencia de seguridad, no estarían peleando el triunfo asociaciones o partidos que pugnaron por el mando civil. Es decir, un problema donde está de por medio la vida de los mexicanos tiene ganador y perdedor en un debate que la clase política inventó para atraer reflectores.

Porque la clase política vive de los reflectores y no sufre la inseguridad que el resto de los mexicanos, de ahí que haya grupúsculos que consideren que alcanzaron un gran éxito al dar de alta el mando civil a la Guardia Nacional, cuando en realidad el triunfo debe ocurrir sobre la delincuencia y no ante un membrete que sólo les garantiza a las fundaciones y asociaciones seguir viviendo del presupuesto.

Es vergonzoso que colectivos de escritorio hagan gala de victorias sobre una realidad donde hay sangre de mexicanos. Sin embargo, lo celebran como aficionados aplauden al torero que acaba de matar con engaños al toro.

La seguridad de los mexicanos es un problema muy serio como para que la aprobación de un cuerpo de seguridad se convierta en fiesta. Ha habido muchos muertos, el asesinato siempre es un fallecimiento inútil, y de éstos hay muchos a lo largo y ancho del territorio nacional.

El nacimiento de la Guardia Nacional es el inicio de un medio para lograr un fin. El problema es que la clase política siempre ha confundido procesos con objetivos y se ha quedado a la mitad de cada intento de transformación.

La Guardia Nacional no es una victoria de nadie, es sólo el inicio de una posibilidad de resguardo a la integridad de los mexicanos que por muchos años clamaron y que nunca fueron escuchados.

Es un compromiso muy serio del que todavía no cobran conciencia esos grupos que con el nombre colectivos o asociaciones creen que su labor ha terminado cuando en realidad apenas comienza.

Porque deben tener ahora más cuidado, la observación de la que hacen gala debe ser escrupulosa, desprovista de consignas, despojada de rencores, alejada de triunfalismos mediáticos. Debe ser honesta en realidad, porque la vigilancia de esa Guardia Nacional tan cuestionada en su gestación, es responsabilidad de todos los mexicanos.

La Guardia Nacional es el inicio de un proceso que tiene como objetivo erradicar la inseguridad, no es un homenaje a las fundaciones ni un reconocimiento a los derechos humanos. Esto deben entenderlo no sólo los miembros de una clase política indiferente a los problemas de la población sino las asociaciones que hacen de la labor social una manera justificada y socialmente aceptada de matar el ocio. PEGA Y CORRE.- La victoria del ex gobernador de Sonora, fue breve. Ahora la acusación por amenazas, de parte de la trabajadora doméstica a quien inculpó de un robo que no cometió y encarceló a pesar de saber que era inocente, cobra fuerza y la inocencia que argumentó se le complica al panista. :

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