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sábado, 26 de agosto de 2017

El PRI y San Garabato de las Tunas

La escena veracruzana
Por: Marco Antonio Medina Pérez 
Como si fuera un homenaje a don Eduardo del Río, “Rius”, por su reciente fallecimiento, y a la célebre historieta de los Supermachos, con todo el folclor redivivo del pueblo de San Garabato de las Tunas, Cuc., el PRI acaba de celebrar su XXII Asamblea Nacional Ordinaria, con la finalidad de modificar sus documentos básicos y comenzar a renovar el oscuro traje con el que lo identifica la mayoría de los mexicanos, de frente a los comicios de 2018. 

Muy al estilo de un guión de Rius, en el que a una señal de Don Perpetuo del Rosal el pueblo de San Garabato se alista para maquillar sus abandonadas calles, pintar sus fachadas a medio derrumbar, improvisar pirámides al gusto de los extranjeros, con tal de atraer turistas, el PRI ha desarrollado su asamblea nacional con el colorido desparpajo que lo caracteriza, haciendo modificaciones a programas y normas internas para atraer electores, de los muchos que todavía, según el pensamiento priísta, se dejarán engañar con menjurjes para acicatear la desmemoria y el olvido. 

De esa manera aprobaron una Comisión Nacional de Ética Partidista y un Código de Ética, ambas determinaciones con las que intentarán reencauzar a los priístas por la senda del bien, combatir los desvíos de fondos y actos de corrupción, que ha sido lo característico de los gobiernos emanados del PRI en todos los niveles. 

Ya encarrerados en esa senda los 15 mil delegados priístas decidieron crear la Secretaría Anticorrupción en el Comité Ejecutivo Nacional, apropiada para emprender la santa cruzada que ahora sí, con todo e indulgencias prometidas, llevarán a cabo a lo largo y ancho del país. 

Sin embargo, el planteamiento más importante de dicha asamblea fue una reforma estatutaria a modo para que la candidatura presidencial priísta no recaiga en un priísta, sino en alguien ajeno que no cargue con el peso del historial partidista y que pueda en todo momento distanciarse de las formas y deudas ancestrales del PRI. 

La dedicatoria está destinada a Juan Antonio Meade, el actual Secretario de Hacienda, hombre que ha trabajado para el PAN como para el PRI, sin militancia en ninguno de ellos, pero ligado orgánicamente a los grandes intereses que se han defendido tanto en uno como en otro partido. Dicha candidatura podría ser reconocida en su momento por el PAN, si fuera necesario, como seguramente se requerirá, para hacer frente común contra Andrés Manuel López Obrador, en realidad el enemigo a vencer por ambos. 

Pero lo realmente de fondo en lo acordado en esa asamblea es la permanencia del modelo económico y de las reformas estructurales impulsadas por el actual gobierno, las que fueron reiteradas como los elementos básicos de su propuesta programática. La tesis de que los cambios estructurales llevadas a cabo por el gobierno de Peña Nieto están funcionando, que deben continuar y profundizarse, fue la que prevaleció en el documento final avalado por los delegados priístas. 

En las historietas de Rius don Perpetuo siempre halla la manera de mantenerse en el poder, renovando sus tretas y sus discursos, tratando de engañar, aunque al final el pueblo se daba cuenta de todo. El PRI, en su asamblea actual, cumple con el ritual del poder, renovarse para perpetuarse, maquillarse para rejuvenecer. No obstante, el margen de renovación del PRI es cada vez menor. Cada vez cambian lo menos sustancial y dejan lo que realmente los caracteriza. El margen del engaño se achica. El pueblo de San Garabato estaba sometido, pero no era tonto. Lo mismo que el pueblo mexicano. 

Lo dicho, necesitamos con urgencia un cambio verdadero. 
marco.a.medinaperez@ gmail.com


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