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sábado, 2 de junio de 2018

Sin respirar no podemos vivir

Blogpost por Paloma Neumann
No podemos vivir sin respirar es una afirmación obvia que parece increíble, pero si nos detenemos a pensarlo, damos por sentado lo más fundamental que nos mantiene vivos: si dejamos de respirar, todo, simplemente desaparece. Nada de lo que nos preocupa, de lo que deseamos, de lo que amamos, puede existir o tendría sentido.

Respirar es algo fundamental, indispensable para la vida, y lo damos por hecho. Es algo que de manera inconsciente damos por garantizado y por ello, quizás, no se nos pasa por la mente la posibilidad de sentarnos a agradecer, a reflexionar si esa necesidad o ese derecho tan fundamental para estar vivos, para disfrutar, crear, trabajar, amar, está en riesgo.

Preguntarnos si algo de lo que hacemos, si nuestros hábitos, o si la forma en que vivimos actualmente, afecta el aire que respiramos; o menos aún si nuestros gobernantes están haciendo lo necesario, lo que sus responsabilidades y la ley obligan, para garantizar ese derecho fundamental para todas las personas.

Esta es una reflexión y una pregunta que urge que nos hagamos porque aunque no nos demos cuenta, enfrentamos un peligro invisible: en nuestras ciudades mexicanas estamos respirando aire tóxico. El aire nos está enfermando y matando lentamente.

Según una estimación hecha en un estudio reciente del Instituto Nacional de Salud Pública, en México se podrían evitar cuando menos 17,700 muertes al año, que ocurren como consecuencia de enfermedades asociadas a la mala calidad del aire que respiramos en nuestras ciudades (y esta es una estimación conservadora: es decir que podrían ser muchas más).

Y debido a que esta amenaza es invisible, y a que tenemos autoridades que en su mayoría no se moverán, no actuarán y no harán frente a la situación o a las causas si no se lo exigimos, es indispensables que hagamos ejercicio de nuestro derecho y obligación como ciudadanos, que hagamos uso de nuestro poder, que actuemos y les exijamos que hagan su trabajo, su responsabilidad de resguardar, hacer respetar y proteger nuestros derechos más fundamentales. En este caso, el derecho a respirar aire limpio.

No esperemos más y aprovechemos para recordar también a los candidatos que participan en la contienda actual que los estamos observando y que queremos propuestas congruentes y efectivas para resolver la grave situación de contaminación atmosféricas que enfrentamos en las ciudades del país.

Todos sentimos en ocasiones que la realidad que vivimos nos abruma, que las autoridades no nos escuchan, que es un reto épico digno de super héroes conseguir que actúen conforme a sus obligaciones y responsabilidades, pero aceptémoslo: es la única vía y, cómo esperar que hagan nada si nosotros mismos no se los demandamos y les hacemos saber que los estamos observando, que les recordemos que su labor y la razón por la que reciben un sueldo es precisamente para ver y trabajar por el bien de la población.

Así, actuemos y exijamos juntos. Sumemos nuestras voluntades y nuestros esfuerzos. Desde 2017, Greenpeace ha retomado la exigencia de un aire limpio, una demanda que muchos otros ciudadanos y organizaciones han realizado durante las últimas décadas. Exijamos a la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios que haga su labor, cumpla con la Constitución y con su obligación de proveer el nivel más alto de protección a la salud y modifique las normas de calidad del aire.
Fuente: Greenpeace

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